Hay que ser estetas.
Fumar por fumar. Fumar porque es bello fumar.
No es sólo la rebeldía de sentirse mayor, más hombre o más mujer. No se llega a ninguna parte así. No puede ser nunca eso, joder.
Fumar simplemente porque queda bien. Porque es bonito.
Es fumar porque fumar tiene clase.
Es fumar porque el olor a tabaco mezclado con el ambientador da confianza al entrar en una oficina o en un banco. O incluso en la consulta del médico.
Es fumar porque tu abuelo no huele a sobaco como tú, huele a Ducados.
Es fumar porque se está haciendo tarde y aunque lo sientes, todavía no estás del todo para cagar.
Fumar por quemar tu dinero sin gastártelo en nada.
Es fumar porque una mujer que sabe fumar…
Y por si fuera poco, es fumar porque fumar te da la mayor libertad del mundo.
Es fumar para ahorrarte los cinco últimos minutos de vida. Que van a ser malos, no te engañes.
Es fumar para decir bien alto: “Cabrones, ¿también queréis quitarme esto? Dejadme morirm cuándo y cómo me salga de los cojones”.
